El Parque de María Luisa y su entorno es un juego entre jardín coqueto, su arquitectura y la luz. Todo un revuelo de verónica grana y oro que muy lentamente va envolviendo el espacio inmenso del cielo azul, como quien abre un abanico y detrás una mirada que asoma. El Parque es todo eso, más el color, un abaniquear a la Giralda, que siempre lo está contemplando mientras disfruta de su aire y sus colores. Es un edén para paseante sin prisas amante de lo chiquito, lo armónico y sensual, abrazo hecho poesía con el que paladear el tiempo detenido.
El Parque una verónica,
un revuelo de ojos negros,
abanico con misterios,
y cielos que se perdieron.
Anónimo
Tiempo olvidado por la prisa, esa que es el enemigo número uno de nuestra sociedad. Y aquí el Parque, la belleza conjunta, arquitectura y botánica, su flora, tal vez políticamente incorrecta por el simple hecho de que el espectador que lo contempla, al meditar, puede también caer en el peligroso vicio de enfrentarlo a la maquinaria artificial del presente con un sorpresivo resultado, donde las consecuencias pueden ser eso que señalaba al principio: “políticamente incorrecto”. De aquí considerarme obligado a advertirlo. Porque la sensibilidad tiene que tener cuidado, estar vigilante para defenderse de la agresividad, mediocridad, del mal gusto, de esos bárbaros destructores voluntarios.
No se trata de refugiase en aquello de todo tiempo pasado fue mejor que el presente, nada más lejos de mi pensar y actuar, mas reconozco y advierto al posible paseante, incluso aunque sea sevillano, que este Parque de María Luisa y la arquitectura que lo exorna no es una mera inspiración, sino fruto, meditación y trabajo de una larga labor creativa consciente del riesgo, del juicio histórico y pundonor, inspiración de poetas. En él, la modernidad se ha fundido con la belleza regional y clásica.
Se puede afirmar que la Exposición Iberoamericana del 29 no fue un éxito, la fecha no pudo ser menos idónea. Resultó un fracaso económico, pero sobrevivió la belleza sencilla de la armonía poética. Este Parque parece que se mece en un columpio colgado de dos columnas que lo mece sobre el río, Plaza de España y Plaza de América, pequeñas catedrales de arquitectura y flora, un piropo al Alcázar de flores y poesía, un brazo para Sevilla en esa larga cambiada de tan increíble ciudad.
Un susurro de su encanto cuando todo parece estar por los suelos y se agarra al tópico de su pasado, al que todavía desafiante mira al presente con burla entre el desdén y el temor a ser abatido, agarrándose al decir: “Lo mejor del mundo”. No olvidemos que Sevilla sin tópicos, no sería Sevilla, sería una ciudad cualquiera. Se lo dice un sevillano que no ejerce como tal.
SUEÑOS
“Es un sueño de los poetas
ser guardián de sus glorietas,
poder conversar a todas horas.
Luces y sombras, brisa y colores,
murmullo de fuentes, rumores.
Poetas de Sevilla sus amores”
Anónimo Sevillano
Contemplar ahora estas glorietas, pasear por ellas, ya historias vivas: de monarquía, dictadura, destellos de democracia, libertinaje, mediocridad, gamberrismo, dejadez. Que sobreviven medio desoladas por los bárbaros, intentando contener algo de su lograda belleza, tan lastimada como sumida en el mayor de los desapegos. Y pienso: cruel y desaprensivo, no fue el pasado mejor que el presente; pero la belleza está cada día más ultrajada, más perseguida, fruto de la maldad voluntaria del hombre y la deformación publicitaria pensada para la ignorancia enloquecida. La democracia mal entendida retrocede ante el libertinaje y el mal gusto, la especulación política y de la otra.
La palabra pierde sus verdaderos valores, se esconde en los más recónditos reductos para eludir los eructos del mal gusto, promocionado desde todos los estamentos con poderes de premeditada incultura. La poesía ha sido raptada por la publicidad hedionda y la vulgaridad más desvergonzada. Los bárbaros han vuelto después del Saco de Roma. Pero el Parque, ¡ese Parque! aunque malherido sobrevive. ¡Parece mentira!
“Abajo, todo, todo,
Excepto la derrota”.
Cantó el poeta, ¡Ay! y el Parque, pese a tanto desvarío seductor y dulce manteniendo su lastimada belleza. ¡Su música!

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