domingo, 31 de agosto de 2014

Estanque de los Lotos



Dispuesto transversalmente en el eje del Parque es un estanque rectangular rodeado de una pérgola sobre pilares de ladrillo, con solería igualmente de ladrillo y alambrillas intercaladas. En el centro, una fuente de mármol con alto surtidor se encuentra dentro de otro estanque más pequeño y acompañada a ambos lados por dos arriates con vegetación. Toda esta zona central está rodeada por el estanque principal de forma que no se tiene acceso a ella. En el extremo meridional de la composición una pequeña glorieta semicircular, tras un espacio rectangular de menores dimensiones, alberga en la actualidad el monumento a la Infanta María Luisa, escultura en bronce de E. Pérez Comendador. Las pérgolas están cubiertas de enredaderas de diversas especies.

El estanque toma su nombre de las plantas acuáticas que flotan sobre las aguas y ya se encontraba en el primitivo jardín, aunque el aspecto que ofrece actualmente proviene en su mayor parte de la reforma efectuada por Forestier. Su “Cuaderno de Dibujos y Planos” contiene esquemas de los que provienen algunas de las piezas principales que forman este conjunto, en particular, las pérgolas, la fuente semicircular adosada a uno de los lados del estanque principal y que da agua a éste y la composición central que recuerda imágenes de los jardines del Generalife.

En lo que se refiere a la vegetación frente al Estanque de Los Lotos es de destacar un plátano oriental (Platanus orientalis) y hacia la izquierda, parasoles de la China (Firmiana simplex), cóculos (Cocculus laurifolius) y más allá grupos de celinda (Philadelphus coronarius).

Las pérgolas que rodean al estanque están cuajadas de trepadoras y enredaderas: Bignonias rosas (Podranea ricassoliana), una enredadera de grandes flores rosas, hiedras, jazmines o madreselvas del Cabo (Tecomaria capensis), trompetas trepadoras (Campsis radicans), parras y jazmines que pueblan de colorido todo este techo vegetal.

Ya casi en los límites del estanque, a la izquierda, un brachichito (Brachychiton populneum) y gran número de paragüitas (Cyperus alternifolius) que habitualmente se encuentran dentro de estanques y fuentes.

La totalidad de la glorieta ha sido restaurada en los años 2002-2003, renovándose pérgolas y azulejería del estanque superior según proyecto del arquitecto D. Javier Muñoz Pecero.

lunes, 11 de agosto de 2014

Glorieta de Luca de Tena.




Espacio abierto y espléndido este que ocupa la glorieta en reconocimiento al ilustre periodista sevillano, fundador de Blanco y Negro y ABC, publicaciones que le dedicaron un interés apasionado a su ciudad desde muy diversas ópticas. La glorieta a Luca de Tena se encuentra situada al comienzo de la Avenida de Rodríguez Caso.
Es de forma circular, elevada sobre el paseo, dispone de un pabellón central con pérgola a los lados, donde diariamente en aquel tiempo refugiado en la memoria estaban al servicio de los paseantes las publicaciones de ABC y Blanco y Negro. Actualmente ofrece a los paseantes su “hemeroteca efímera” en la que se pueden leer diversos periódicos del día.
 La glorieta tiene una forma similar a la Plaza de España y es una obra para la Exposición de 1929, tal y como nos recuerdan los motivos de su pajarera. Posee un cuerpo central, donde se halla la pajarera y a lo largo de los laterales se extienden sendas pérgolas formando una glorieta semicircular, donde se mezclan buganvillas que techan las pérgolas.
El centro de la glorieta lo adorna una fuente con surtidor. Contemplando la música del agua que en un borboteaba de la fuente, sobre un  sencillo pedestal el busto fundido en bronce del célebre escritor y periodista sevillano medita. Torcuato Luca de Tena fue uno de los hombres más influyentes de la Sevilla de principios del siglo XX. El busto es obra de Emilio Laiz Campos y ocupa la glorieta desde 1954.


No fue espejismo ni cuento,   
sino verdad en la escena.
Rey Gaspar Luca de Tena
le dio al molino su viento.
La noche de reyes siento.
que el mundo no está al revés,
pero sucede después
que, entre la mula y el buey,
en que me parece un rey
resulta ser un marqués

Joaquín Caro Romero


Glorieta de Luis Montoto.



Segundo hijo del abogado, historiador y periodista legitimista José María Montoto López Vigil y de María de los Ángeles Rautenstrauch y Giovanelli, estudió Ingeniería en Madrid y se graduó en Derecho por la Universidad de Sevilla. Se casó con Asunción de Sedas y Vigueras en Utrera el 25 de agosto de 1878, de la cual tuvo 7 hijos: Diego, Luis, María, Alejandro, José Luis, Santiago y Cástor.

Luis Montoto fue notario eclesiástico, concejal del Ayuntamiento de Sevilla y cronista oficial de la ciudad, miembro del Ateneo de Sevilla y secretario perpetuo de la Real Academia de Buenas Letras de Sevilla. Amigo del escritor Antonio Machado Álvarez, colaboró con él en la publicación de la Biblioteca de Tradiciones Populares (1883-1888) sobre folclore. Luchó para que la cultura popular recibiera reconocimiento académico.

Su perennidad es un bonito rincón del Parque, adornado por un magnolio, almeces, cipreses y un árbol de fuego, allí se encuentra su glorieta. La idea de su construcción la tuvieron los dramaturgos Serafín y Joaquín Álvarez Quintero, como la dedicada a Bécquer. Fue abierta al público el primer día de marzo de 1959, el proyecto se debe al arquitecto Luis Gómez Estern. Su principal adorno es un estanque con una figura femenina, de factura muy simple, presidido por un muro cerámico calado que sirve de fondo, del cual mana una fuente.

Las dos esculturas se deben al escultor Emilio García Ortiz. La glorieta se encuentra a la espalda de la de Luca de Tena. Si el rincón donde se halla situada, por su ambiente, es uno de los más poéticos del Parque, no es así el impersonal monumento que tan ilustre escritor y apasionado sevillano se merece. La glorieta está figurada por una fuente y biombo de pretendido trazado moderno, igual que la escultura, al borde del estanque. A uno y otro lado aparece, en un cuadro de azulejos, el nombre del autor y los títulos de sus obras, con una dedicatoria que dice: “A Luis Montoto, eximio sevillano, 1851-1929”. La realización de la glorieta se debe al mismo arquitecto encargado del proyecto de la misma.

AUTOBIOGRAFÍA

Mi historia te contaré,
breve cuanto verdadera.
Cual la cigarra pasé,
cantando mi primavera.
Movió muchos corazones
mi cantar sencillo y tierno
más no logré provisiones
para mi cercano invierno.
Hoy que el dolor me desgarra
y está apagado mi hogar.
Hoy... ¡envidio a la cigarra
qué sólo sabe cantar!

Luis Montoto Rautenstrauch

Glorieta de doña María Luisa Fernanda.



Aún es gallarda la postura, aún tiene
gentil empaque la real persona
de esta arrogante vieja, esta amazona,
mejor montada de lo que conviene.

Manuel Machado 

Hay como un gesto de tristeza y resignación en el rostro de la Infanta María Luisa, una cierta languidez  reflejada en su figura, situada sobre un pedestal en el amplio espacio abierto tras el estanque de los Lotos. Ella fue la que donó a la ciudad de Sevilla una gran parte de los jardines de su palacio, más de cuatrocientos mil metros cuadrados. El terreno donado se mantuvo sin transformación alguna hasta la Exposición Iberoamericana de 1929, al que se le añadieron una parte de los terrenos del Prado de San Sebastián.

Allí, en un espacio privilegiado se levantó este monumento  en 1929 por el Comité de la Exposición Iberoamericana  en homenaje a quién lo regaló “para disfrute de los sevillanos”, tras la muerte de su hija María de las Mercedes, que casó en enero de 1878 con Alfonso XII, fallecida seis meses más tarde prematuramente. Aquella muerte fue un romance de amor que corrió  de verso en verso por el pueblo de Sevilla hasta convertirse en copla con bata de cola en la voz de la insuperable cupletista Concha Piquer: “Una tarde por la primavera Mercedita cambió de color...” mientras los viejos seductores sevillanos sacan un pañuelo de blanco hilo y con un gesto que parece un saludo en una tarde de toros en la Maestranza, enjugan una lágrima que la carbonilla del tiempo, esa que vuela de estación en estación, ha provocado.

Como cantó entonces  Manuel Machado:

Hasta que el pueblo las canta,
Las coplas, coplas no son;
Y cuando las canta el pueblo,
Ya nadie sabe el autor.



Lleva la figura de la Infanta, obra de Enrique Pérez Comendador, una flor que nuca se marchita entre las manos cruzadas sobre las rodillas:

Ejemplo de mi vida es esta rosa
Que de mi muerte, vida eterna, brota:
Lleva en su mano, dulce, la corona.


Juan Ramón Jiménez


Es todo un símbolo de una vida rota por la muerte de su hija María de las Mercedes. Una historia que parece fue elegida para que sucediera únicamente en Sevilla, la patria de Bécquer, de los Machado, de Cernuda, de Cansinos Assens, muy cerca de donde está el poeta con sus rimas bajo la sombra de un árbol centenario.

Una tarde de primavera  

Merceditas cambió de color. 

Y Alfonsito que estaba a su lado 

fue y le dijo: ¿Qué tienes mi amor? 

Y lo mismo que una lamparilla 

se fue apagando la soberana. 

Y las rosas que había en su carita 

se le quedaron de porcelana. 

Y Mercedes murió empezando a vivir. 

Y en la Plaza de Oriente y dolor, 

para llorarla fue todo Madrid. 

María de las Mercedes 

mi rosa más Sevillana, 
porque te vas de mis redes 

de la noche a la mañana. 


Glorieta de Gabriela Ortega.



Tienes fuente, fuego y calma;
tú quieres darme de todo
y no lo quiero, gitana.

Ramón Charlo

El gigantesco árbol de las lianas, cuya robusta altivez no resta elegancia al porte enigmático y lánguido que le acompaña, vela, como absorto guardián de la memoria olvidada, desde el 18 de diciembre de 1997, fecha de la inauguración de esta glorieta, transcurridos dos años desde su fallecimiento ha quedado plasmado el sublime halo de esta mujer, cuyo empeño creativo y artístico fue de tormentosa plenitud.
Nació en Sevilla en la Alameda de Hércules el 1915, perteneció a una sólida y famosa dinastía de artistas, sobrina de los famosos toreros Rafael y Joselito el Gallo. Falleció el año 1995. Su  biografía transitó por diferentes registros: actriz, cantaora, bailaora, escritora, pintora, guionista, incluso catedrática. Recibiendo diferentes premios internacionales, reconocedores de su amplia y universal faceta artística.

Su gesto, voz y perfiles
pintaron  muchos poetas
silenciados por malditos.

 Anónimo

 Sufrió exilio en su afán por dar pálpito con su voz a poetas como Juan Ramón Jiménez, Federico García Lorca, Miguel Hernández, Rafael Alberti, Hermanos Machado... Tal vez, su mayor dimensión fue unir el compás de los bailes flamencos a los poemas. Haciendo de ambos, un universo único y singular. Lo que conllevó la expansión de la lírica española por diferentes países americanos y europeos, con la digna sobriedad del respeto hacia el mensaje ético, estético y espiritual que mantuvo siempre.  

La voz prendió el verso,
la garganta de Gabriela
rasgó la entraña del sueño



El arte de Gabriela Ortega, es singular, no se parece encarnando la poesía a ningún actor o recitador, sobretodo cuando interpreta poemas de temas taurinos. La sangre torera vieja de su estirpe y nueva de impetuoso torrente, le circula por las venas del verso, que vibra y serpentea con un hondo sentido del ritmo, ritmo dicho, cantado, bailado, toreado y esculpido, con una verdad, que solo Gabriela Ortega, ha sabido fundir en materia y espiritualidad hirviente.

Gerardo Diego
(De la Real Academia de la Lengua)

Glorieta de Gustavo Adolfo Bécquer.



Bajo el gigantesco taxodio plantado en 1850 se encuentra este singular monumento al autor de  “Rimas y leyendas”, elevado sobre un labrado pedestal que arranca  desde un banco circular que rodea su tronco. Estamos ante la glorieta del gran poeta Gustavo Adolfo Bécquer, cobijada,  sombreada por esta elevación natural, vegetal. Este árbol, que cuando al cielo roza por su altura: susurrará mecido por sus ramas: “Bécquer, siempre Bécquer”, lo que nos recuerda al inmenso poeta de Moguer, Juan Ramón Jiménez, tan fascinado siempre por Sevilla y su poeta.

¡Sevilla, ciudad tuya,
ciudad mía!
                     
En todas las glorietas del Parque que estamos visitando, la conjugación de autor, obra y lugar ha logrado ser plasmada por los distintos artistas que las crearon con gran sensibilidad, pero en la de Bécquer, este juego es todo una diana de Cupido que enreda poesía, escultura y naturaleza. Una inspiración lograda donde el tiempo parece haberse detenido en un racimo de Rimas: ¿Cuál de ellas? Son tantas y tan bellas, consiguiendo aislarse hasta quedar flotando en el ambiente de la obra: poeta y escultor bajo una fronda inimitable,  medida penumbra, algo de trasluz, para leer  versos a media voz. Coger tu mano, niña bonita. ¡Te quiero tanto!
Amor, herido o muerto, puñal clavado, yace tendido a un lado del poeta, mientras que en el opuesto se presenta en actitud de herir a esas tres mujeres que representan la pasión amorosa en Bécquer: el amor que llega, el amor presente y el amor que muere, y un Cupido herido.
Junto a unos bancos situados en la glorieta se encuentra un anaquel donde, todas las mañanas, en un tiempo vivido ya perdido, estaban expuestas al servicio de los visitantes las obras  del poeta. Formando una pieza clave del decorado ambiental, en ese  reflexivo donde una desnuda belleza de claroscuro, luces y sombras invitan a la poesía y a introducirse en uno mismo.


¡Qué hermoso es ver el día                              
¡Qué hermoso es, tras la lluvia                       
 coronado de fuego levantarse,                          
del triste otoño en la azulada tarde,
 y a su beso de deslumbre                                      
de las húmedas flores
brillar las olas y encenderse el aire!                  
el perfume beber hasta saciarse!



Actualmente grupos de poetas acuden a la glorieta para celebrar diversas fechas líricas y  lecturas poéticas  con asistencia de un público amante del poeta y la poesía en general que ha tomado este conjunto arquitectónico como punto de reconocimientos y reivindicaciones.
Este monumento homenaje a Bécquer fue inaugurado en 1912, debiéndose su idea a los hermanos Álvarez Quintero, quienes también participaron económicamente, siendo su conjunto obra del escultor Lorenzo Coullaut Valera. Hasta 1974 fue el único monumento dedicado al autor de Rimas y Leyendas y Cartas desde mi celda, en toda España. Decidía que a muy pocos sorprende, pues ya es sabido, aunque se pregone lo contrario, el desprecio semioculto que los poderes tienen a la poesía y la literatura. En resumen, a la cultura sorprendente de un pueblo.

Glorieta de Rubén Darío.



Antes de fundirnos en el recinto del Parque el paseante se encuentra, en el centro del ahora ajardinado Paseo de Isabel la Católica, encontramos el Monumento a la Raza, dedicado al poeta, cronista y diplomático nicaragüense Rubén Darío, incansable viajero y máximo exponente de la poesía modernista en lengua española. En una de sus caras encontramos la leyenda:

"LA EXPOSICIÓN IBEROAMERICANA AL INMORTAL CANTOR DE LA RAZA. MCMXXIX."

El monumento está adornado con motivos renacentistas y lleva un gran lápida de mármol en la que están escritos los primeros versos de uno de sus poemas, que precisamente servían como salutación a los pueblos iberoamericanos a los que se dedicaba la Exposición:

“ ÍNCLITAS RAZAS UBÉRRIMAS,
SANGRE DE HISPANIA FECUNDA, 
ESPÍRITUS FRATERNOS, LUMINOSAS ALMAS,
¡SALVE!

La figura del gran cantor de la lírica hispanoamericana, el nicaragüense Félix Rubén García Sarmiento, Rubén Darío, (Matota, 1867-León 1916). De este gran poeta padre junto al poeta malagueño Salvador Rueda, se debe la explosión de la modernidad lírica.
“Su poesía, tan bella como culta, musical y sonora, influyó en centenares de escritores de ambos lados del océano Atlántico. Darío fue uno de los grandes renovadores del lenguaje poético en las Letras hispánicas. Los elementos básicos de su poética los podemos encontrar en los prólogos a Prosas profanas, Cantos de vida y esperanza y El canto errante. Entre ellos es fundamental la búsqueda de la belleza que Rubén encuentra oculta en la realidad. Para Rubén, el poeta tiene la misión de hacer accesible al resto de los hombres el lado inefable de la realidad. Para descubrir este lado inefable, el poeta cuenta con la metáfora y el símbolo como herramientas principales. Directamente relacionado con esto está el rechazo de la estética realista y su escapismo a escenarios fantásticos, alejados espacial y temporalmente de su realidad”.
Aquí el admirable poema que le dedicó quien se consideró su mejor discípulo: Antonio Machado.

Mas a pesar del tiempo terco,
mi sed de amor no tiene fin;
con el cabello gris, me acerco
a los rosales del jardín...

Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...
¡Mas es mía el Alba de oro!

Rubén Darío
(Fragento de Canción de otoño en primavera)

La Plaza de España puerta del Parque.




La Plaza de España significó el proyecto más emblemático de la Exposición Iberoamericana del año 1929, fue proyectada por el arquitecto sevillano Aníbal González, que también era arquitecto director del evento expositivo, fue ayudado por un buen conjunto de colaboradores, entre los que se encontraban el ingeniero José Luis de Casso y el arquitecto Aurelio Gómez Millán. Las obras de construcción comenzaron en el año 1914, resultando el proyecto más ambicioso y costoso de la Exposición, llegando a trabajar en su construcción mil hombres al mismo tiempo, puede resultar asombroso, cómo una ciudad en situación económica difícil en esos años, se embarcó en un proyecto de semejante magnitud. En 1926, tras la dimisión de Aníbal González de su cargo de director de la Exposición, asume la finalización del proyecto el arquitecto Vicente Traver, que terminó los cerramientos del recinto y añadió la fuente del centro de la Plaza.

Sobre tan emblemático el arquitecto Victor Pérez Escolano señala que “La Plaza de España es una realización arquitectónica muy notable. Se desarrolla formando un semicírculo de 200 metros de diámetro y ocupando 50.000 metros cuadrados. Asombra ver cómo una Sevilla en situación económica difícil  en el año 1914 se embarca en un proyecto de semejante magnitud”.
El propio arquitecto Aníbal González  señala: “Me he inspirado en el renacimiento español. Claro está que modernizándolo, interpretándolo, según la idea fundamental, por decirlo así, que me ha servido de norma para cuanto he realizado en Sevilla. Y este secreto estriba en que en Sevilla, la patria del color, el color debe tratarse de modo  que realce los valores de la construcción. Y para ello la cerámica es un elemento ideal, sin olvidar la armonía obtenida por el juego de otros elementos”.
En el corazón de la plaza la fuente central, obra de Vicente Traver, creación bastante cuestionada al romper  la rotundidad de vacío del espacio. El canal que contiene es cruzado por cuatro puentes que representan los cuatro antiguos reinos de España. En las paredes de la plaza se encuentran una serie de bancos que delimitan el espacio de las cuarenta y ocho provincias españolas colocadas en orden alfabético, en los que se representan para cada una de las provincias, su escudo, el mapa y algunos hechos históricos destacados de la misma.

Vamos hacia el Parque.



Y usted paseante viene de ver la Giralda y la Catedral y como no el Alcázar, solo caminar unos minutos y se encontrará frente al hotel Alfonso XIII toda una joya arquitectónica, contemple este símbolo del 29, la hermosura seductora de su agradable planta, muestra también de la hostelería sevillana, entrar dentro ya merece la pena aunque sea para tomarse un café o una copa de oloroso en esos corredores de la planta baja que rodean su embriagador patio. Se trata de un descanso para a continuación bajo la sombra bamboleante de la…


GIRALDA

Giralda en prisma puro de Sevilla,
nivelada del plomo y de la estrella,
molde en engaste azul, torre sin mella,
palma de arquitectura sin semilla.

Si su espejo la brisa enfrente brilla,
no te contemples –ay, Narcisa– en ella,
que no se mude esa piel doncella,
toda naranja al sol que se te humilla.

Al contraluz de luna limonera,
tu arista es bisel, hoja barbera
que su más bella vertical depura.

Resbala el tacto su caricia vana.
Yo mudéjar te quiero y no cristiana.
Volumen nada más: base y altura.

Gerardo Diego

Salimos del Hotel Alfonso XIII, y compartiendo vecindad se encuentra la Universidad Hispalense, un edificio impresionante cuya fama se debe a haber sido la antigua Real Fábrica de Tabacos, Palacio de la industria, como le llama el profesor Bonet Correa, “Escorial tabaquero” como la describió Richard Ford, el viajero inglés a mediados del XIX. “Asombran sus vastas dimensiones y majestuosa fachada”… “fue a la vez concebido como un gran contenedor capaz de albergar dentro de sus muros un ingente número de trabajadores, bestias de carga y acémilas para mover ingenios y un mundo sin fin de máquinas y aperos”.
Pase para dentro a sentirse protagonista en esa  gloria de creatividad por la que se puede deambular, cruzarla de una parte a otra con toda libertad y así soñar un poco. Se advierte esto, porque son muchas las veces, diariamente, que curiosos forasteros admiran esta joya, cuna emblemática del mito sevillano y de los viajeros románticos del siglo XIX, con curiosidad y timidez de entrar en ella.
Lo pueden hacer con naturalidad y con la ayuda de la capacidad imaginativa, a lo mejor ver a Carmen seductora y trágica, navaja en la liga, que en cualquier momento aparecerá, pues ya se sabe, que los mitos nunca mueren, incluso cuando la publicidad se apropia de ellos.
Y ahora, impregnado de esa historia de amor nos iremos acercando a ese Parque chiquito y coqueto lleno de  tonos distintos sostenidos por los poetas, la luz y el agua. Pero antes, una grandiosa obra de la arquitectura sevillana.

El parque.



El Parque de María Luisa y su entorno es un juego entre jardín coqueto, su arquitectura y la luz. Todo un revuelo de verónica grana y oro que muy lentamente va envolviendo el espacio inmenso del cielo azul, como quien abre un abanico y detrás una mirada que asoma. El Parque es todo eso, más el color, un abaniquear a la Giralda, que siempre lo está contemplando mientras disfruta de su aire y sus colores. Es un edén para paseante sin prisas amante de lo chiquito, lo armónico y sensual, abrazo hecho poesía con el que paladear el tiempo detenido.

El Parque una verónica,
un revuelo de ojos negros,
abanico con misterios, 
y cielos que se perdieron.  

Anónimo 

Tiempo olvidado por la prisa, esa que es el enemigo número uno de nuestra sociedad. Y aquí  el Parque, la belleza conjunta, arquitectura y botánica, su flora, tal vez políticamente incorrecta por el simple hecho de que el espectador que lo contempla, al meditar, puede también caer en el peligroso vicio de enfrentarlo a la maquinaria artificial del presente con un sorpresivo resultado, donde las consecuencias pueden ser eso que señalaba al principio: “políticamente incorrecto”. De aquí considerarme obligado a advertirlo. Porque la sensibilidad tiene que tener cuidado, estar vigilante para defenderse de la agresividad, mediocridad, del mal gusto, de esos bárbaros destructores voluntarios.
No se trata de refugiase en aquello de todo tiempo pasado fue mejor que el presente, nada más lejos de mi pensar y actuar, mas reconozco y advierto al posible paseante, incluso aunque sea sevillano, que este Parque de María Luisa y la arquitectura que lo exorna no es una mera inspiración, sino fruto, meditación y trabajo de una larga labor creativa consciente del riesgo, del juicio histórico y pundonor, inspiración de poetas. En él, la modernidad se ha fundido con la belleza regional y clásica.
Se puede afirmar que la Exposición Iberoamericana del 29 no fue un éxito, la fecha no pudo ser menos idónea. Resultó un fracaso económico, pero sobrevivió la belleza sencilla de la armonía poética. Este Parque parece que se mece en un columpio colgado de dos columnas que lo mece sobre el río, Plaza de España y Plaza de América, pequeñas catedrales de arquitectura y flora, un piropo al Alcázar de flores y poesía, un brazo para Sevilla en esa larga cambiada de tan increíble ciudad.
Un susurro de su encanto cuando todo parece estar por los suelos y se agarra al tópico de su pasado, al que todavía desafiante mira al presente con burla entre el desdén y el temor a ser abatido, agarrándose al decir: “Lo mejor del mundo”. No olvidemos que Sevilla sin tópicos, no sería Sevilla, sería una ciudad cualquiera. Se lo dice un sevillano que no ejerce como tal.
SUEÑOS

“Es un sueño de los poetas
ser guardián de sus glorietas,
poder conversar a todas horas.
Luces y sombras, brisa y colores,
murmullo de fuentes, rumores.
Poetas de Sevilla sus amores” 

Anónimo Sevillano 

Contemplar ahora estas glorietas, pasear por ellas, ya historias vivas: de monarquía, dictadura, destellos de democracia, libertinaje, mediocridad, gamberrismo, dejadez. Que sobreviven medio desoladas por los bárbaros, intentando contener algo de su lograda belleza, tan lastimada como sumida en el mayor de los desapegos. Y pienso: cruel y desaprensivo, no fue el pasado mejor que el presente; pero la belleza está cada día más ultrajada, más perseguida, fruto de la maldad voluntaria del hombre y la deformación publicitaria pensada para la ignorancia enloquecida. La democracia mal entendida retrocede ante el libertinaje y el mal gusto, la especulación política y de la otra.
La palabra pierde sus verdaderos valores, se esconde en los más recónditos reductos para eludir los eructos del mal gusto, promocionado desde todos los estamentos con poderes de premeditada incultura. La poesía ha sido raptada por la publicidad hedionda y la vulgaridad más desvergonzada. Los bárbaros han vuelto después del Saco de Roma. Pero el Parque, ¡ese Parque! aunque malherido sobrevive. ¡Parece mentira!


“Abajo, todo, todo,
Excepto la derrota”.

Cantó el poeta, ¡Ay! y el Parque, pese a tanto desvarío seductor y dulce manteniendo su lastimada belleza. ¡Su música!