lunes, 15 de diciembre de 2014

Glorieta de los Hermanos Álvarez Quintero



La podemos definir como la glorieta de lo popular, de la sevillanía armónica de medida gracia, repleta de luminosidad propia de la baja Andalucía en consonancia con la chispa de su obra, de sus personajes. Si los hermanos Serafín y Joaquín Álvarez Quintero crearon un mundo andaluz poblado de figuras cargadas de filosofía popular,  amores y requiebros,  figurillas graciosas y senequistas, como escribió Cernuda, en este monumento su concepción de lo popular la encontramos perfectamente ambientada en todo su conjunto, formado por un acertado juego donde predominan la luz, el aire, el agua y la clásica cerámica de Triana. Parto de arte y artesano que invita a dialogar con los personajes de sus comedias y sainetes. Tiene esta glorieta sombra de Bécquer.

Tus manos, en mis manos acogidas, cruzábamos el parque en que me heriste, aquella tarde en que, por fin, quisiste cerrar con tus palabras mis heridas.  Las hojas de los árboles caídas hollaban nuestros pies, y a su eco triste, parecen corazones, me dijiste, que perdieron la savia de sus vidas.  Un soplo fuerte, inesperado y frío, por los senderos libres y desiertos barrió las secas galas del estío...  y entre el huir de corazones muertos, llenos de amor, tu corazón y el mío, cantaron juntos a la vida abiertos.  
           
Serafín Álvarez Quintero


La obra fue inaugurada en 1928, su creación se debe al arquitecto de la Exposición y de la Sevilla del siglo XX  Aníbal González. La cerámica es de Montalván. Los trinos de los pájaros los donaron los dioses para todos los visitantes que se acercan a este monumento, también el verde de sus plantas, la risa embriagadora de las rosas: La luz de Sevilla. Y la voz de ese poeta de perfil romano que recuerda a Serafín:


Por encima del mal y de la Muerte
Flota del Arte la divina esencia
Y eterna en el mundo la presencia
Del que en belleza la verdad convierte.

Manuel Machado

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