Tu soneto, lo mismo
que una mujer desnuda y casta,
sentándome en sus piernas puras,
me abrazó con sus brazos celestiales
J. R. J.
La historia de la cabeza del gran poeta florentino es algo compleja en la ciudad de Sevilla. El primer asiento de su pedestal y busto fue erigido junto a las murallas del Alcázar, en la calle Romero Murube, nombre que fue indicado por ser el escritor y poeta sevillano Joaquín Romero Murube “Guardián del Alcázar” quien la eligió. Nadie mejor que este poeta enamorado de Italia, descubridor de la calle que lleva su nombre paralela a la muralla y que conduce al famoso Barrio de Santa Cruz. Desaparecida la estatua de Dante del lugar sin ninguna aclaración previa, nadie sabe si la decisión, en plena dictadura, fue porque algún celoso guardador del Régimen, descubrió que el Dante era un elemento subversivo aunque muerto y clásico vivo.
Lo cierto es que con el tiempo su exilio lo llevó al Parque de María Luisa. Al parecer la recuperación de un espacio dedicado al paseante por el infierno, purgatorio y paraíso, se debió a la insistencia del desaparecido Instituto Dante Alighieri ante el Ayuntamiento hispalense. La talla de su busto se debe al escultor sevillano Juan Abascal. Su semblante se muestra serio y doloroso, parece estar entre poético y el amor a Beatriz como reflejan estas líneas de este poeta.
Y como señala el poeta Pedro Luis Ibáñez Lerida: “Beatriz Portinari fue universo, emocional primero, y místico tras su muerte, en la grandeza lírica y humana de este florentino. Cuya ciudad lo desterró y, en la actualidad, reclama sus cenizas a Ravena, último lugar del poeta, músico, teólogo, dibujante, filólogo, naturalista, astrónomo, historiador y matemático. Durante Alighieri, reclama desde su enigmático y severo rostro, la dignidad y flaqueza del ser humano”.
La vida nueva
(fragmento)
Muchas veces me vienen a la cabeza
la oscura cualidad que me da el Amor
y me tengo lástima y así me digo:
¡Ay de mí!, ¿les pasa esto a otros?;
porque tan hábilmente me asalta el amor
que la vida casi me abandona:
sólo un hilo de espíritu deja medio vivo,
uno que sólo por ti vive y razona.
Luego me esfuerzo, yo deseo salvarme,
y casi muerto, sin ningún valor,
vengo a verte, creyendo así curarme:
y cuando alzo los ojos para observarte
en mi corazón se inicia un terremoto
que suspende en mi alma todos los latidos.

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